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domingo, 21 de febrero de 2010

El régimen escupe en la memoria de Miguel Hernández. Alza, toro de España: levántate, despierta


Publicado por J.Parra (javierparra.larepublica.es)

Sus majestades los reyes presidirán la Comisión Nacional del Centenario del Nacimiento de Miguel Hernández. No habría dado crédito a la noticia si no la hubiera visto publicada de la página web del Ministerio de la Presidencia. Al verla, me quemó un fogonazo de rabia, asco e indignación y no pude hacer otra cosa que escribir sobre las altas cotas de miseria que ha podido alcanzar un régimen cada vez más podrido y decadente.

Supongo que cualquiera se habría escandalizado si el heredero designado por Hitler hubiese presidido una comisión que homenajease el Centenario, por ejemplo, de Ana Frank. O que un militar designado por Pinochet, hiciese lo propio con Victor Jara. Espero, por tanto, que muchos se indignen, incluso que se rebelen contra esta decisión tan cínica como representativa de un régimen tan débil que intenta apropiarse de la memoria de los buenos, para salvarse de la mierda en la que ha metido a un país entero. Aunque tampoco pretendo con este artículo enumerar las miserias de un país donde la justicia da vergüenza, al Jefe de Estado lo eligió una dictadura, la ley electoral es fraudulenta, la corrupción campa a sus anchas y los bancos son dueños de España.

Con esta decisión, el régimen borbónico no solo escupe en la memoria de Miguel Hernández sino en las causas por las que luchó: la República y el comunismo. Porque no nos olvidemos que es imposible desligar en Hernández el compromiso ideológico de su poesía. El poeta murió en las cárceles franquistas, no por poeta, sino por comunista. Y no sólo no veo ningún comunista en esa Comisión, sino que además está presidida por alguien que ha dicho “No permitiré que nadie hable mal de Franco en mi presencia”, o quien juró los principios del Movimiento Nacional. Pero más aún, en esa Comisión está incluso la alcaldesa que a través del Ayuntamiento de Orihuela dio cobertura a un libro ultraderechista que usaba los versos de Hernández para insultar a la izquierda.

No entiendo las razones por las que se hace Presidentes de Honor a esos a quienes el régimen denomina “Sus Majestades los Reyes”, esos quienes lo que mejor podrían hacer sería renunciar a esa Presidencia, al menos si han leído los versos del poeta y saben lo que están presidiendo. Y si los hubieran leído, y además los entendieran, quizá serían unos reyes tan sabios que, como dice mi amigo Kalvellido, “proclamarían la Republica, y por si se arrepentían, se guillotinarían”.

Pero no será así y al régimen habrá que tumbarlo, así que como díría Hernández, más le valdría a España despertar, revolverse y salvarse.


Llamo Al Toro De España. Miguel Hernández

Alza, toro de España: levántate, despierta.
Despiértate del todo, toro de negra espuma,
que respiras la luz y rezumas la sombra,
y concentras los mares bajo tu piel cerrada.

Despiértate.

Despiértate del todo, que te veo dormido,
un pedazo del pecho y otro de la cabeza:
que aún no te has despertado como despierta un toro
cuando se le acomete con traiciones lobunas.

Levántate.

Resopla tu poder, despliega tu esqueleto,
enarbola tu frente con las rotundas hachas,
con las dos herramientas de asustar a los astros,
de amenazar al cielo con astas de tragedia.

Esgrímete.

Toro en la primavera más toro que otras veces,
en España más toro, toro, que en otras partes.
Más cálido que nunca, más volcánico, toro,
que irradias, que iluminas al fuego, yérguete.

Desencadénate.

Desencadena el raudo corazón que te orienta
por las plazas de España, sobre su astral arena.
A desollarte vivo vienen lobos y águilas
que han envidiado siempre tu hermosura de pueblo.

Yérguete.

No te van a castrar: no dejarás que llegue
hasta tus atributos de varón abundante
esa mano felina que pretende arrancártelos
de cuajo, impunemente: pataléalos, toro.

Víbrate.

No te van a absorber la sangre de riqueza,
no te arrebatarán los ojos minerales.
La piel donde recoge resplandor el lucero
no arrancarán del toro de torrencial mercurio.

Revuélvete.

Es como si quisieran arrancar la piel al sol,
al torrente la espuma con uña y picotazo.
No te van a castrar, poder tan masculino
que fecundas la piedra; no te van a castrar.

Truénate.

No retrocede el toro: no da un paso hacia atrás
si no es para escarbar sangre y furia en la arena,
unir todas sus fuerzas, y desde las pezuñas
abalanzarse luego con decisión de rayo.

Abalánzate.

Gran toro que en el bronce y en la piedra has mamado,
y en el granito fiero paciste la fiereza:
revuélvete en el alma de todos los que han visto
la luz primera en esta península ultrajada.

Revuélvete.

Partido en dos pedazos, este toro de siglos,
este toro que dentro de nosotros habita:
partido en dos mitades, con una mataría
y con la otra mitad moriría luchando.

Atorbellínate.

De la airada cabeza que fortalece el mundo,
del cuello como un bloque de titanes en marcha,
brotará la victoria como un ancho bramido
que hará sangrar al mármol y sonar a la arena.

Sálvate.

Despierta, toro: esgrime, desencadena, víbrate.
Levanta, toro: truena, toro, abalánzate.
Atorbellínate, toro: revuélvete.
Sálvate, denso toro de emoción y de España.

Sálvate.

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