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viernes, 22 de enero de 2010

En defensa de la cultura, el progreso y la unidad por la República


Poco a poco, los valores más reaccionarios que dominaron el mundo durante siglos, avanzan de manera preocupante en Europa y en especial en nuestro país, tratando de cercenar o liquidar los espacios de libertad que hombres y mujeres como nosotros conquistaron con sacrificio y valor a lo largo de la historia. España vive hoy una auténtica involución, que alcanza al ámbito de la cultura y la educación, dirigiéndose año tras año hacia una oscuridad cada vez más profunda, a través de un sistema de enseñanza cada vez más deficiente en medios, herramientas y contenidos, pero también a por del intento de transformar el mero ocio en valores culturales, con un despliegue de ofertas tan apabullante que apenas se puede distinguir entre calidad y banalidad en la superficie. Tenemos, eso sí, una cultura cada vez más mercantilizada que, como en otros aspectos ciudadanos, ha consolidado una oligarquía económica y política que se aleja día a día de la ciudadanía y de los objetivos que debieran ser prioritarios en nuestra sociedad.

La grave crisis económica en el mundo, y concretamente en España, ha demostrado además, que de nuevo son los trabajadores y trabajadoras quienes tienen que soportar sobre sus hombros los desmanes de una oligarquía empresarial y financiera, que sale de ésta más reforzada si cabe. Además, la corrupción que se ha incrustado en la sociedad española, en muchos cargos públicos, en las empresas, etc, interesadas únicamente por su riqueza y éxito personales e impulsados por una sola pasión: la codicia.

Nos encontramos, por tanto, en un momento crucial en la historia de España. Una nueva generación, a la que no le tocó ratificar con su firma el olvido de lo que fueron la libertad y la democracia en nuestro país - un pacto de amnesia que dura ya tres décadas - , empieza a recuperar la memoria y a plantear lo que entonces no estaba permitido.

En los últimos tiempos, el cuestionamiento de la institución impuesta por el franquismo se hace cada vez más fuerte. La monarquía española, no sólo no es democrática (nunca una monarquía lo és) ni carece de la legitimidad que otorgan las urnas, sino que hace uso de los fondos públicos del pueblo español de manera absolutamente opaca y sin rendir cuentas a nadie.

Por ello, la construcción de una nueva República que determine el sistema de gestión del Estado Español, cobra cada vez más actualidad y va abandonando progresivamente el rincón de lo impensable, para convertirse en una posibilidad cada vez más cercana y asequible.

Con la inmensa alegría y el optimismo de vislumbrar un nuevo país de justicia, progreso y cultura, nosotros y nosotras, pertenecientes al mundo de la cultura y el espectáculo, las letras, las artes, la investigación y las ciencias, los sindicatos de clase, las organizaciones sociales y políticas, las asociaciones culturales, ateneos republicanos, colectivos de estudiantes, medios de comunicación, ciudadanos y ciudadanas de toda condición armados de valor para iluminar una sociedad nueva, declaramos nuestra identificación plena y activa con los valores republicanos de la libertad y dignidad humana, de la solidaridad entre los pueblos y la fraternidad entre quienes habitan nuestro país, sea cual sea su lugar de procedencia, y anunciamos nuestro compromiso con la Tercera República.

Proclamamos por tanto nuestro compromiso con la unidad de todo el movimiento republicano, siempre de progreso y con todas sus ideologías, y anunciamos una ofensiva cultural y política en todos los frentes para lograr la hegemonía de los valores republicanos dentro de la sociedad española y la apertura de un Proceso Constituyente por una República que defendemos como profundamente justa, culta, participativa y solidaria, donde el protagonismo se otorgue al conjunto de la ciudadanía, frente a cualquier oligarquía económica o política.

Hoy, la luz de la memoria de quienes nos precedieron ilumina nuestro futuro. Los y las descendientes de la Segunda República seremos quienes engendren la Tercera, porque aunque quisieron cortar todas las flores, nadie podrá detener la primavera.

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